EL SECRETO DEL AMOR: reirse de uno mismo

Cortesía de: http://www.pablorpalenzuela.wordpress.com/2008/10/17/el-secreto-del-amor-reirse-de-uno-mismo/
Notting Hil. Pelicula

Notting Hil. Pelicula

La risa (y en sentido amplio, el sentido del humor) parecen ser una característica específicamente humana, presente en todas las épocas y las culturas. Sin embargo, sabemos bastante poco de su origen. Buscar un sentido evolutivo/adaptacionista puede provocar algún levantamiento de ceja en este blog (ya estamos otra vez con la cantarina de siempre), de modo que voy a abstenerme de expresar ninguna opinión vehemente al respecto. Lo que sí me permito resaltar es que si algo es específicamente humano y culturalmente universal, es razonable suponer que ha aparecido en algún momento de nuestra evolución como especie. La explicación “biologicista” al uso afirma que el humor es un “handicap zahaviano”, esto es, un indicador de que quien lo posee tiene también otras características deseables y por ello “buenos genes” (como la cola del pavo real). De aquí que el sentido del humor resulte atractivo sexualmente y, por tanto, que se mantenga en nuestra especie.

Personalmente creo que esta explicación (aunque no es imposible) presenta bastantes lagunas. En cualquier caso, las relaciones entre el humor y el atractivo sexual han sido bastante bien estudiadas y, en general, se piensa que efectivamente existe una relación entre ambas. Estos estudios también encontraron que las mujeres prefieren hombres con sentido del humor y los hombres prefieren mujeres que respondan a su sentido del humor (lo que no deja en muy buen lugar al sexo masculino).

En un trabajo reciente publicado en Evolutionary Psychology, llevan la cuestión un poco más lejos, al investigar qué tipo de sentido del humor resulta más atractivo. El trabajo se basa en el tipo de diseño experimental al uso: se “engancha” a un grupo de estudiantes universitarios (a cambio de dinero o créditos académicos) y se los expone a diferentes tipos de humor (mediante una grabación realizada por una persona de sexo opuesto). Después se pasa una encuesta para que valoren el grado de “atractivo” de los mismos. La conclusión (no esperada) es que para las mujeres resultan más atractivos los tipos que se ríen de sí mismos (self-deprecating humour). en definitiva, el tipo de humor que utilizaba Hugh Grant para ligarse a Julia Roberts en la película Notting Hill. En los participantes masculinos no se observó dicho efecto.

A mí me parece estupendo que se hagan experimentos de este tipo en condiciones controladas rigurosamente. No obstante, en la valoración de esta evidencia es donde creo que debemos andar con pies de plomo y también creo que este es un tema de legítimo debate (con la participación a los que no nos dedicamos a hacer este tipo de estudios). Para empezar, la muestra de población elegida es cualquier cosa menos representativa de la población general del planeta: un país, una edad, un entorno cultural relativamente homogéneo. En segundo lugar, los datos de este estudios (y muchos otros) se basan en encuestas. Así que habrá que contemplar la posibilidad de que estas no reflejen por completo la realidad. Es posible que los sujetos mientan conscientemente (aunque no haya una razón aparente para ello), y también es posible que contesten lo que crean que quieren oír los investigadores. Aunque no se les explique de antemano cuál es la hipótesis a constrastar, tampoco es descartable que los participantes “jueguen” con los experimentadores.

Muy posiblemente, los autores del estudio son conscientes de las limitaciones del método. Cuando el tema se comenta en los medios de comunicación es fácil que las cosas se simplifiquen o se tergiversen. En particular, la conclusión de este trabajo me parece especialmente difícil de generalizar. Hay cosas que resultan graciosas en un idioma y no en otro. Más aún, el efecto “atractivo” del humor contra uno mismo no tiene porque funcionar en otra cultura (incluso, si siguiera teniendo gracia). Todavía más, en el estudio sólo se observa un efecto cuando lo emplean individuos de alto estatus. Y sabemos, a través de otros muchos trabajos, que un estatus alto resulta sexualmente atractivo. De manera que si un individuo de alto estatus es capaz de reírse de sí mismo está demostrando además un notable grado de auto-confianza. Es posible que el mensaje sea en realidad “soy tan guay que incluso soy capaz de reírme de mí mismo”.

Por último, invocar a la selección sexual tiene un problema adicional en este caso. No hay pruebas convincentes de que el “sentido del humor” sea heredable genéticamente. De hecho, los estudios de gemelos idénticos que tantas sorpresas nos han dado, en el sentido de mostrar que muchas características humanas tienen heredabilidades altas, indican que el sentido del humor no es una de ellas. Al parecer, esta característica depende puramente del ambiente social, como el idioma que hablamos o nuestros gustos musicales entre otras cosas.

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